Viana do Castelo Portugal

Casa de Misericordia, Chafariz e Antiguos Paços de Concelho  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Viana de Castelo

Sé de Viana de Castelo   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Plaza de la República

La Plaza de la República es el autentico social y cultural de Viana do Castelo   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

 Viana do Castelo

Calles de Viana do Castelo Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Localización: Viana do Castelo (Portugal)




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Es inevitable pero cuando uno piensa en cascadas en Quebec rápidamente le viene a la mente la espectacular caída de agua de Montmorency, pero ese monumento a lo bello no debería eclipsarnos todo el patrimonio natural de una región que se manifiesta en numerosos paisajes en los que la fuerza del agua genera postales de sensaciones como sucede con el Parque de las Chutes-de-la-Chaudière.

Chutes-de-la-Chaudière

Parque de las Chutes-de-la-Chaudière en Levis (Quebec )  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Su nombre “Chaudière” (Caldera en francés) no puede ser mas expresivo porque el agua en su romper genera una inmensa nube de vapor que inunda de humedad el entorno. Agua en ebullición que alimenta de vitalidad a un frondoso bosque que acompaña al río en su recorrido y que cuenta con varios senderos ideales para los amantes del arte de las caminatas y en donde se han encontrado restos arqueológicos de antiguos indígenas de la región.

Chutes-de-la-Chaudière

Esta hermosa cascada nos recuerda el interesante atractivo de la naturaleza de la región de Quebec Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Las cataratas, cuya fuerza es aprovechada por una central hidroeléctrica, lanza un flujo medio al vacio de 133 m3/s llegando en momentos de inundaciones a ser de hasta 1240 m3/s; caudal que genera un descomunal ruido que es escuchado en todo el entorno y contribuye a profundizar aun mas en el sentimiento de contacto con la naturaleza.

El parque esta situado en la localidad de Lévis en la orilla sur del río San Lorenzo muy cerquita de Quebec ciudad y tiene acceso fácil por carretera través de la autopista 73 (salida 130) y la 20 (salida 311 luego ruta 116 Ouest). La entrada es gratuita pero es recomendable visitarlo entre mayo y octubre ya que las instalaciones cierran por la crudeza del invierno.

Quizás no aparezcan en las guías mas clásicas de atractivos de Quebec, pero las Chutes-de-la-Chaudière son agradecidas y dignas de ver y su visión contribuyen permiten disfrutar en mayor profundidad de la hermosura innata de esta región de Canadá.


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La Antártida nos regala horas de belleza tras agotadoras jornadas de trabajo; el sol que nunca muere del verano austral ilumina una de esas postales de hielos ante la cual cualquier adjetivo se queda corto. Ponemos rumbo a isla Livingston a visitar a nuestros compañeros de Juan Carlos I. Son dos horas y media de transito, de paz y calma, ideales para ver alguna película, pero ante mi asombro veo que con cierto masoquismo la dotación ha escogido “Atrapados en el hielo”, un documental que narra las vivencias de Ernest Shackleton y la tripulación del Endurance.

Endurance

El Endurance atrapado entre los hielos del Mar de Weddel

La atención resulta máxima en la sala y nadie despega de los ojos de la pantalla, porque la expedición del Endurance es una de esas historias de superación humana ante la adversidad que inspiran y te hacen reflexionar. A principios del siglo XX viajar a la Antártida constituía una epopeya, una tierra incógnita e inhóspita que exigía sacrificios pero que solía conceder la fama a quien lo intentaba. Shackleton anhelaba las mieles del honor y el reconocimiento y por ello contrató a un grupo de expedicionarios con el fin de ser los primeros en atravesar a pie el continente antártico (uno de los pocos retos polares que quedaban por conseguir), sin embargo su expedición se convertiría en leyenda por motivos bien distintos.

En enero de 1915 el buque Endurance quedó atrapado en los hielos del mar de Weddel. Sin más alternativa que esperar el deshielo, permanecieron acampados sobre un hielo flotante durante diez meses alimentándose a base de pingüinos y focas, hasta que en noviembre las maderas se desquebrajaron y el buque acabo por hundirse. Tras unos meses de incertidumbre decidieron embarcarse en una larga marcha que tenía como objetivo alcanzar nuestra querida isla Decepción (de aquella la base Gabriel de Castilla aun no existía, pero aun operaba la estación ballenera), pero sus planes se vieron frustrados por las corrientes y ante la perspectiva de no alcanzar nunca la “isla del engaño”, decidieron que su única elección era poner rumbo a la isla Elefante.

 Endurance

El Endurance tras desquebrajarse como consecuencia de la acción del hielo

Tras una penosa navegación hicieron pie en la isla, donde montarían un “acogedor” campamento con la estructura de los botes. Pronto se encontraron con un complejo dilema, ya no se encontraban en un peligroso hielo flotante, pero la isla se encontraba lejos de cualquier ruta y ni siquiera los cazadores de focas frecuentaban sus playas por lo que estaba claro que morirían antes de que un barco se acercase a sus costas. Así que tomaron una peligrosa decisión, uno de los botes sería reformado y un elenco de elegidos (entre los que se incluiría el propio Shackleton) intentaría abordar algún asentamiento habitado y desde allí promoverían el rescate del resto de la tripulación.

Ernest Shackleton

Ernest Shackleton, responsable junto a la tripulación del Endurance de esta heroica aventura

Las corrientes nunca permitirían que un pequeño bote alcanzase las costas de alguno de los asentamientos en las Shetland, así que su única alternativa era alguna de las estaciones balleneras de las Georgias del Sur a más de 1000 km de navegación. El archipiélago bajo administración británica, no era más que una aguja en el pajal inmenso del Atlántico y por ello cualquier error en las mediciones o bien una tormenta les conduciría irremediablemente a la muerte. Era una locura, una autentica ruleta rusa en que en un disparo se jugaban el futuro de todos los náufragos, era una decisión complicada pero sin miedo se lanzaron a cumplir la que sería una de las mayores hazañas de la historia náutica. Azotados por la mar y el viento ganaron la costa georgiana tras 16 jornadas de pura resistencia física y mental; las escenas de júbilo al llegar a la playa debieron ser indescriptibles.

Ernest Shackleton

Embarcación con la que Ernest Shackleton partiendo rumbo la islas de Georgia del Sur

Sin pausa se enfrentaron a una última y dura prueba, tenían que atravesar montañas y glaciares para alcanzar algún núcleo habitado, ya que todas las estaciones estaban en la vertiente norte de la isla. Hombres curtidos y recios, este último reto quizás fue el más duro pero la suerte les volvió a acompañar y tras horas de intensa lucha contra la adversidad, divisaron una estación ballenera donde rápidamente les concedieron abrigo y comida. Salvados ellos, ahora tenían que gestionar el rescate del resto de la tripulación. Tras varios intentos fallidos, consiguieron que el gobierno chileno les cediese el “Yelcho” (cuyos restos aun son visibles en Puerto Williams), un modesto buque con él que consiguieron abordar la isla Elefante, para descubrir con intensa emoción que milagrosamente todos permanecían con vida.

Rescate del Endurance

El emotivo momento en el que se produce el Rescate de la tripulación del Endurance atrapada en isla Elefante

Su gesta permaneció durante años en el ostracismo, de hecho la sociedad británica recibió con ambigüedad a los chicos del Endurance, la primera guerra mundial marcaba los titulares de la época y no necesitaban héroes ya que los tenían a miles en los campos de batalla de Francia. Ellos mismos se sintieron unos traidores, su enrevesada aventura les había librado del alistamiento y su lucha por la supervivencia ya no les parecía tan excepcional. La gloria acudiría a sus puertas años más tarde, cuando el diario de Shackleton se convirtió en un bestseller y miles de lectores descubrieron y sintieron como suya la hazaña del Endurance.

La película termina y en en el barco recibimos el final con espontáneos aplausos. Es nuestro sentido homenaje a su proeza que sentimos como propia, porque los que vivimos la dureza y peligrosidad del trabajo en la Antártida solo podemos mirar a nuestros predecesores con admiración y respeto.




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