Aún recuerdo con añoranza aquel verano donde mis mañanas miraban al Castillo de San Jorge, porque era abrir la ventana y dejar entrar esa luz que enamora a quien visita Lisboa, fotones de arte que iluminaban la Baixa Pombalina y en cuyo recorrido configuran el singular perfil del barrio que muchos consideran como el verdadero corazón de Portugal.

Rossio

Plaza del Rossio en Lisboa  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La casa era un quinto sin ascensor y respiraba a madera vieja, pero era salir del portal y la vista se cegaba por la perfección arquitectónica de este vecindario hecho con tiralíneas, cuyo original diseño en grandes plazas y amplias avenidas perpendiculares creó un modelo de urbanismo que pronto imitarían otras ciudades.

Excelencia que eso sí esconde un trágico secreto, ya que la Baixa Pombalina nació en una fecha maldita, el 1 de noviembre de 1755, día en el que la tierra liberó su energía provocando uno de los seísmos mas destructivos de la historia. Un terremoto que se llevó a la tumba a un tercio de la población de la ciudad, así como gran parte del patrimonio artístico portugués, y que obligó al célebre Marqués de Pombal (de ahí del nombre del barrio) a realizar una reconstrucción completa de todo el centro de Lisboa.

Baixa Pombalina

Un tranvía se acerca a la conocida Plaza del Comercio en Lisboa Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Uno de los grandes afectados por el seísmo fue el Terreiro do Paço, espacio físico donde en el pasado se ubicaba el Gran Palacio Real y cuyos restos sirven hoy de asiento a la inmensa Plaza del Comercio. Este punto de encuentro ciudadano exhibe sus dimensiones al son de los tranvías, cuyos chirridos acompañan sonoramente la atenta y solitaria pose del rey portugués José I. A las espaldas de la estatua del monarca se alza quizás el elemento arquitectónico mas singular e imponente de la Baixa, el Arco de la Rúa Augusta, que con su belleza da la bienvenida a una de las calles comerciales mas famosas de Portugal.

Plaza del Comercio en Lisboa

Arco de la Plaza del Comercio en Lisboa Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Esta avenida peatonal de empedrado mágico se muere como los buenos ríos en un mar de belleza llamada Plaza del Rossio. Este océano artificial es alimentado por varias fuentes monumentales, que en su harmonioso juego embellecen la presencia del Teatro Nacional de Doña María II.

En las cercanías de esta joya de la arquitectura neoclásica existe un pequeño bar denominado Ginjinha, donde se sirve el licor de guinda con el mismo nombre, el cual se ha convertido en una parada habitual para quienes quieran degustar el autentico sabor de Lisboa. Paladares que también se endulzan en pastelerías y bares como los que pueblan la Plaza de la Figueira, espacio vital donde los edificios exhiben techos abuhardillados y en cuyos alrededores se asienta la principal oferta hotelera de la zona.

Estacion del Rossio

Estacion del Rossio  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Acompañando en hermosura al Teatro también se encuentra la detallista fachada de la Estación de trenes del Rossio, la cual esta considerada como uno de los principales referentes de la arquitectura neo-manuelina. El edificio, obra del arquitecto Luis Monteiro, fue construido a finales del siglo XIX y es contemporáneo al Elevador de Santa Justa, que con sus 45 metros de hierro cincelados al gusto neogótico permite comunicar la Baixa con el Chiado. Este ascensor de pago termina a los pies de los restos de la iglesia do Carmo, cuyo esqueleto no reconstruido nos recuerda el gran impacto provocado por el famoso terremoto.

Santa Justa Lisboa

Elevador de Santa Justa Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Pero la Baixa siempre te ofrece nuevas sorpresas, te regala catacumbas, museos de Diseño, iglesias e incluso aloja la Cámara Municipal de Lisboa; pero sobre todo te obsequia con calles, “rúas” con encanto como la mía desde donde pude disfrutar del que fue uno de los períodos mas definidores y productivos de mi vida.

Cuando vivía en Lisboa muchos bares cerraban sus puertas al son de la canción “A Minha Casinha” de Xutos e Pontapés, cuyos versos en voz rockera hago ahora míos….

“As saudades que eu já tinha da minha alegre casinha tão modesta quanto eu. Meu deus como é bom morar modesto primeiro andar a contar vindo do céu” 

… ya que pasan los años y aun siento nostalgia de mi modesta “casinha” de la Baixa, porque es ahora cuando me doy cuenta de que mi terraza realmente no tenía vistas al firmamento, sencillamente ya estaba en el cielo.


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Caleta de la Guirra Fuerteventura

Hornos de Cal de Caleta de la Guirra en el Municipio de Antigua en Fuerteventura Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Fuerteventura

Los hornos de cal fueron durante años una de las principales industrias de Fuerteventura Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Localización: Caleta de la Guirra en el municipio de Antigua (Fuerteventura)


Miguel Ángel Otero Soliño
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Veníamos de alimentarnos de la magia y el caos de Marrakech y acabamos ante tu presencia, no fue una visita programada de hecho visitamos en Casablanca por obra y capricho de una aerolínea marroquí que nos canceló el vuelo, por ello te conocimos de noche porque sólo tú Mezquita de Hassan II estabas allí de guardia, y hoy solo puedo decir que nos esperaste para que nos enamorásemos de ti.

Casablanca

Mezquita de Hassan II en Casablanca con iluminación nocturna Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

A lo largo de mi vida he conocido diversas e imponentes mezquitas, pero hacía tiempo que un templo islámico no me dejaba extasiado, porque es imposible describir en palabras o imágenes la espectacular belleza de tu cuerpo arquitectónico, esa estructura tuya encalada en detalles donde la iluminación juega a contrastar tus monumentales puertas y que se eleva hacia al cielo a través de los 200 metros de tu alminar, faro celestial que ilumina el horizonte y que te hace uno de los templos mas altos del mundo.

Mezquita de Hassan II

La mezquita homenajea al rey Hassan II, impulsor de la misma  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Recibes el nombre de Hassan II por aquel rey que te impulsó y que te inauguró en el año 1993; obra del arquitecto francés Michel Pinseau, eres la única de Marruecos que abres tus puertas a los turistas, pero hoy no puedo visitar tu interior que deslumbra en decoración o admirar los blanquecinos colores de tu fachada, hoy solo me queda la opción de disfrutar de tu faz ahora dorada, luz tenue que se mezcla con el sonido del mar cuyas olas golpean en tu parte trasera.

Mezquita de Hassan II

Mezquita de Hassan II en Casablanca  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Aunque en los grandes momentos alojas a casi 100.000 fieles en tu infinita explanada, a estas horas solo unos cientos de personas y unos cuantos enamorados rondan tu noche, todos tiran fotos, rezan o admiran tu arte, pero ninguno te pierde mirada y solo comienzan a alejarse cuando finalmente las luces se mueren y decenas de silbatos de los vigilantes serenan la retirada. Que pena haberte conocido en estas circunstancias, que suerte haberte descubierto.




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