Mdina, la antigua capital de Malta

Mdina, pese a su pequeño tamaño, no es una ciudad más de Malta, sino que hablamos de la que fue durante siglos la capital de la isla, un hecho que le permite atesorar un valioso patrimonio, listo para ser disfrutado por todos aquellos que se adentren en este hermoso rincón del Mediterráneo.

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Catedral de San Pablo en Mdina Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Mdina, un lugar estratégico en Malta

Llegue virgen en lo relativo a mis conocimientos sobre esta ciudad ubicada en el centro de la isla de Malta, con todo al llegar a la misma en autobús y ver las vistas que íbamos dejando a nuestras espaldas, fui ya consciente de porque este emplazamiento fue escogido como capital; Mdina está a unos 200 metros de altitud, algo que puede parecer irrisorio, pero en una isla cuyo punto más alto, el Monte Ta’Dmejrek, tiene solo 253 metros se podría decir que es una altitud significativa con respecto a su entorno, lo cual le permite un control visual de gran parte del país y una posición cómoda para defenderse de los ataques.

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Vista de Mdina Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Originalmente bautizada como Maleth, la ciudad fue fundada por los fenicios en el siglo VIII a.c. y paso durante la Edad Antigua y Media por las manos de poderosas naciones como es el caso de los romanos, bizantinos o mismo de los árabes; de la ocupación árabe quedan pocos restos físicos, pero de ellos procede el topónimo actual de la ciudad que deriva de la palabra árabe “Medina“.

Los normandos conquistarían la isla a los árabes, que pasaría a formar parte del patrimonio del Reino de Sicilia y por herencia está acabaría formando parte del patrimonio de España, cuyo rey donaría en 1530 el archipiélago maltés a la célebre Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, que a partir de ese momento paso a ser denominada como la Orden de Malta.

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Murallas de Mdina Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Mdina deja de ser la capital de Malta

Los caballeros hospitalarios decidieron trasladar su centro de operaciones a la costera localidad de Birgu; este cambio de capital vino motivado por el hecho de que la Orden de Malta sustentaba su actividad, en gran parte, en la acción corsaria sobre barcos sarracenos y al no contar Mdina con acceso al mar esta no cumplía plenamente sus necesidades.

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Las estrechas calles de Mdina Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Además, el desarrollo de la artillería hacía a Mdina más vulnerable a los asedios y las nuevas autoridades maltesas prefirieron fortalecer la costa con nuevos fuertes y bastiones.

El éxito de la estrategia de los Caballeros de Malta durante el Gran Asedio otomano de 1565 y la creación desde cero de una nueva capital, La Valeta, supuso que Mdina entrase en un período de cierta decadencia, aunque la nobleza maltesa mantuvo sus posesiones en el interior del recinto amurallado.

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Una calesa de caballos en Mdina Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La Mdina barroca

Cuando me adentre en el corazón del recinto amurallado de Mdina, lo que más me sorprendió fue la profunda huella barroca que exhiben sus monumentos, algo extraño en una ciudad que teóricamente tuvo su esplendor antes del surgimiento de este estilo arquitectónico.

Esta sorprendente contradicción se justifica sobre el hecho de que el barroco fue el estilo escogido para la reconstrucción de la ciudad, que fue fuertemente afectada por un gran terremoto en el año 1693.

De esta corriente arquitectónica es el monumento más significativo de Mdina, la Catedral de San Pablo, que aun mantiene la consideración de ser el templo católico de mayor rango en la isla de Malta.

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Iglesia Carmelita de Mdina Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La sede catedralicia es acompañada en su gloria por otros templos de menor tamaño, pero no exentos de belleza como las iglesias dedicadas a San Nicolás, Santa Ágata o San Roque, así como de conventos o monasterios como el de la orden de las Carmelitas, que revelan el fuerte vinculo con el catolicismo de los malteses.

El barroco también domina la arquitectura de los numerosos palacios de Mdina, los cuales se exhiben con elegancia a la par que hacen malabarismos para ajustarse al estrecho espacio vital delimitado por las murallas; buen ejemplo de ellos son los Palacios de Vilhena, Falson o de Santa Sofía, que reflejan la riqueza y el buen gusto de la nobleza local.

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Palacio de Vilhena Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Rabat y sus catacumbas

Uno tiene la sensación de que el patrimonio de Mdina se termina ante los colosales muros de su fortaleza, pero nada más lejos de la realidad, de hecho la exhibición de lugares con encanto se extiende hasta su barrio de extramuros, conocido por el nombre de Rabat.

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Catacumbas de San Pablo en Rabat Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Rabat, cuyos edificios en la actualidad alojan a la mayor parte de la población local, es internacionalmente conocida por sus catacumbas, muchas de las cuales formaban parte de la antigua ciudad romana de Melite.

Estos monumentos funerarios, se caracterizan por ser únicamente lugares de enterramiento, ya que no se tiene constancia, a diferencia de otros lugares, de que las mismas se utilizasen como refugio o lugar de oración para minorías como la cristiana.

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Catacumbas en Rabat Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Las catacumbas más conocidas son las de San Pablo y Santa Ágata, donde cientos de personas, pertenecientes a romanos de todas las creencias, fueron enterrados en complejos subterráneos que por momentos se vuelven angostos y laberínticos y que sirven de clase magistral sobre el arte funerario en la Edad Antigua.

La gruta de San Pablo

Las catacumbas constituyen por sí mismas un atractivo turístico, pero con todo el lugar más famoso y sagrado de Rabat, es la conocida como Gruta de San Pablo, ubicada en los bajos de la hermosa iglesia dedicada a San Pablo.

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Iglesia de San Pablo en Rabat Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Según cuenta la leyenda, San Pablo vivió en la isla de Malta durante varios meses, tras haber naufragado el buque que debería haberlo trasladado preso a Roma; durante el tiempo en el que San Pablo estuvo en la isla, aparentemente se refugió en esta cueva desde donde ayudó a difundir el cristianismo en Malta, creando la semilla de la comunidad cristiana de Malta.

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Interior de la iglesia de San Pablo, donde se encuentra la célebre Gruta de San Pablo Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La gruta es pequeña en tamaño y se encuentra presidida por una estatua del líder cristiano, cuya figura es altamente venerada por los malteses, en un país en el que el catolicismo aun juega una parte esencial de su vida diaria.

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Gruta de San Pablo Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Mdina-Rabat una escapada para conocer la historia de Malta

El poder turístico de La Valeta ha hecho cierta sombra al extenso patrimonio cultural, religioso e histórico del resto de Malta; un tesoro a descubrir en el que el eje monumental conformado por Mdina y Rabat tiene mucho que decir, porque sin dudas la antigua capital de Malta es de esos destinos que merecen la pena ser conocidos y disfrutados, un lugar que nunca defrauda.

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Casas tradicionales en Rabat Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Actualizado el 29 octubre,2019.
Publicado por Miguel Ángel Otero Soliño