Lisboa, luz del Atlántico

Publicado: noviembre 22, 2011 en Europa, Portugal
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La luminosidad define a una Lisboa que se desliza entre colinas, configurando planos y enfoques singulares; Lisboa es ciudad de claridad y de sueños, de paseos relajados por sus plazas y especialmente de olores, donde se entremezcla la fragancia de sus jardines con la salazón del bacalao colgado de sus tiendas, porque como dice una vieja canción portuguesa “Cheira bem, Cheira a Lisboa”.

Se Lisboa

Catedral de Lisboa  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Lisboa ya nació hermosa y de hecho los fenicios la denominaron “Alis Ubbo” que en su lengua se traducía como “Puerto delicioso”, una clara mención a la tranquilidad que concedía el estuario del Tajo y lo acogedor de sus tierras. Los primeros pobladores fenicios se dispusieron en las inmediaciones de lo que hoy es el Castillo de San Jorge, desde donde se podía divisar toda la ciudad y controlar el trafico naval de su puerto.

Los romanos continuaron el idilio con la ciudad y durante su dominio Lisboa adquirió una trascendencia a nivel regional. Los romanos la llamaron “Felicitas Julia”, aunque luego modificaron su nombre por el de “Olissopona”, una versión latinizada del nombre fenicio. Para conocer con detalle este periodo, es de gran interés la visita al Museo Arqueológico del Carmo, donde se recogen algunas de las principales piezas romanas halladas en la ciudad; para otros períodos también es muy recomendado acudir a diferentes exposiciones realizadas por el Museo Arqueológico Nacional, situado en el complejo del Monasterio de los Jerónimos.

castillo de San Jorge

Vista del castillo de San Jorge  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La caída del Imperio romano trajo consigo la llegada de las hordas visigodas que arrasaron la polis la cual entro en un periodo de decadencia. La llegada de los musulmanes hizo que Lisboa recuperase su importancia comercial y ganase de nuevo vigor, pero su designio cambiaría definitivamente cuando Portugal logra su independencia del Reino de León iniciando su expansión en solitario hacía el sur. El rey Afonso Henriques, en 1147, arrebata Lisboa de manos sarracenas, tras lo cual manda construir la “” (Catedral) que por su configuración recuerda más una fortaleza que a un edificio religioso.

Pronto Lisboa se convertiría en la capital del reino de Portugal y con ella su conversión en una de las metrópolis más importantes de la época, especialmente con el inicio de la Era de los descubrimientos.

Los navegantes portugueses se embarcaron con osadía a la navegación a ultramar, y así mercancías procedentes de todo el planeta llenaron los almacenes del puerto gracias al acopio realizado en las múltiples bases comerciales portuguesas desperdigadas por África, Asia y América, gracias a ello los “alfacinhas” prosperaron y dibujaron un nuevo y rico paisaje urbano.

Belem Lisboa

Torre de Belem  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Pero no será hasta la llegada del rey Manuel I cuando la ciudad empieza embellecerse de verdad; su mecenazgo y amor al arte dió origen al Monasterio de los Jerónimos, obra culmen de un estilo de inspiración vitalista conocido con el nombre de “Arquitectura Manuelina”.

Dentro del monasterio podemos encontrar los sepulcros de tres grandes personajes de la historia de Portugal; por un lado esta el más famoso navegante portugués Vasco da Gama, héroe de la apertura de rutas comerciales con destino a la India; por otro esta el de Luís de Camões, autor del poema épico “As Lusiadas” que narra las epopeyas realizadas por los marinos portugueses y que constituye el mayor referente de la literatura portuguesa; y por último nos encontramos con uno de los personajes más peculiares de la historia lusa, Don Sebastián, que encabezó una expedición por el Norte de África, la cual conllevó su muerte y la subida al trono portugués del rey español Felipe II.

Monasterio Jerónimos Lisboa

Monasterio de los Jerónimos  Foto Miguel Ángel Otero Soliño

Del mismo estilo manuelino y muy próximo a los Jerónimos esta, sin duda el monumento mas conocido de Lisboa, la Torre de Belem, construida para defender el puerto de Lisboa, la atalaya destaca por su color de piedra color marfil que recuerda a un cuerno de rinoceronte emergiendo de las aguas. De hecho un rinoceronte constituye la leyenda más conocida de este monumento; se dice que al rey le entró curiosidad por saber cual era el animal mas fiero de su reino y por eso realizó un combate entre un rinoceronte y un elefante asiático; la victoria del rinoceronte conllevó su tallado en la base de torre como efemérides de la hazaña del mamífero.

Pero sin duda, en lo que se refiere a la configuración de Lisboa hay un año clave, 1755, fecha en la que se produjo el Gran terremoto de Lisboa, uno de los seísmos más destructivos de la historia. La ciudad se quebró y gran parte de sus edificios desapareció, especialmente en lo que se refiere al barrio de la Baixa.

El rey concedió poder al Marques de Pombal, que inició una reconstrucción siguiendo un modelo de grandes avenidas, entre las que destaca la espectacular Rúa Augusta que desemboca en la no menos extraordinaria Plaza del Comercio, donde una solitaria estatua de José I gobierna en el tiempo este lugar de esparcimiento.

Lisboa

Padrão dos Descobrimentos  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Una vez superada la violencia asociada a las guerras napoleónicas, la ciudad respiró un periodo de tranquilidad, lo que se asoció a nuevas y originales obras arquitectónicas. La Estación del Rossio de estilo “neomanuelino” o el Elevador de Santa Justa, diseñado por un discípulo de Eiffel son ejemplos de este período, donde la regeneración urbana se impone.

A nivel político la cosa dió un giro radical en 1910 con el fin de la monarquía y la llegada del régimen de Salazar, que marca el centralismo a nivel nacional. La ciudad empieza a engrosarse de edificios públicos de corte monumentalista al estilo de otras dictaduras de la época, de ella surgieron monumentos tales como el “Padrão dos Descobrimentos”, construido en conmemoración de los 500 años de la muerte de Henrique el Navegante.

Salazar concedió a Portugal, una de las dictaduras más longevas de Europa. La “PIDE” (policía del régimen) se encargaría de controlar a los disidentes y mantener el régimen en el poder tras la muerte de su líder.

Pero las guerras coloniales y las ansías de libertad del pueblo portugués, crearon un caldo de cultivo revolucionario, que conllevo a que un grupo de capitanes acuartelados en Santarem, se sublevasen el 25 de Abril de 1974 y avanzasen con tesón hacía la capital. Al son de la canción prohibida Grandola vila morena, los lisboetas salieron a la calle y se unieron al golpe de estado, que floreció con el gesto de los soldados sublevados de colocar claveles en la bocana de sus fusiles, creando la llamada “Revolución de los Claveles”.

El régimen heredero del Salazarismo desapareció en pocas horas y el “General Spinola” tomo el mando dando paso a la II República, tras un período de inestabilidad y nuevas intentonas golpistas conllevó la instauración de una III república, que esta vez si consiguió la estabilidad y el consenso necesario para mantenerse hasta día de hoy.

La caída de el Salazarismo y la perdida de las colonias produjo un cambio de cara de Lisboa, aunque esta vez no fue a nivel arquitectónico sino de color de piel. Miles de emigrantes angoleños, cabo verdianos, guineanos etc., se trasladaron a la metrópolis proporcionando a Lisboa un toque multicultural que aun a día de hoy se mantiene.

El último gran cambio de Lisboa, se produjo en su barrio mas popular el “Chiado”; este vecindario, conocido por ser el cuna de los intelectuales y bohemios portugueses, sufrió un terrible incendio durante los años 80 que estuvo a punto de hacerlo desaparecer entre cenizas. Hoy en día el Chiado esta en pleno proceso de lavado de imagen y esta recuperando su antiguo esplendor, conservando la esencia del pasado; como muestra encontramos “A Brasileira”, lugar donde el afamado escritor Pessoa, solía reflexionar; hoy en la puerta de este bar, existe una estatua que recuerda al más prestigioso de los moradores de la zona alta de la ciudad.

Rua Augusta

Rua Augusta  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Los últimos retoques de la configuración urbana han procedido, no de desastres sino de los grandes acontecimientos en los que Lisboa ha actuado de anfitriona. Quizás la transformación más destacable fue la llevada acabo como motivo de la Expo de 1998, que transformó las márgenes del Tajo creando un espacio amable y moderno para el ciudadano, de aquella época quedo en nómina su reconocido Oceanario, el pabellón del atlántico o el espectacular Gare de Oriente complejo de interconexión de transportes diseñado por Calatrava.

Quizás lo más sorprendente de Lisboa es su capacidad única de mutar, de renovarse, bien a través de grafitis o nuevos museos o edificios de referencia, uno puede visitar mil veces Lisboa y descubrir mil detalles nuevos, pocas ciudades consiguen que cada visita a la ciudad sea única.

Parque de las Naciones en Lisboa

Parque de las naciones  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Pese a todo Lisboa guarda siempre ese carácter melancólico, ese sentimiento material que se expresa con belleza en los fados que uno puede disfrutar en Alfama; se dice que portugueses muchas veces miran con nostalgia al mar, esperando que entre las brumas regrese el espíritu de Don Sebastián, el cual montado en su caballo y con paso decidido llevará a Portugal de nuevo a la senda de la gloria internacional, pero quizás no haga falta porque Lisboa nunca ha dejado de ser un referente, porque ayer, hoy y siempre la capital portuguesa es una faro que guía, pura Luz del Atlántico.



Lisboa, luz del Atlántico
Actualizado el 15 septiembre,2016.
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