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Todas las ciudades del mundo cuentan con un corazón desde donde late todo su espíritu vital, en el caso de la localidad alemana de Tréveris (Trier en alemán) no hay duda que sus ventrículos bombean desde la hermosa Plaza del mercado o Haupmarkt.

Tréveris

Vista de la Plaza del Mercado de Trier con la Marktkreuz a la derecha de la imagen  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

El centro neurálgico de la ciudad más antigua de Alemania

La historia de Tréveris es inmemorial, de hecho está considerada como la ciudad más antigua de Alemania, y aunque actualmente solo es una pequeña ciudad fronteriza volcada hacía el turismo y al comercio, en el pasado desempeñó un papel polarizante en toda la región; como reflejo de su importancia en el año 958 se le concedió el derecho a celebrar un mercado, privilegio que quedó plasmado en piedra a través de una popular columna conocida como Marktkreuz. En la actualidad la función de feria continúa presente, con la estampa constante de varios puestos que ofrecen hortalizas, flores etc, siendo en Navidad cuando más luce en su histórica función ya que sirve de espacio físico para el tradicional mercadillo navideño.

La forma de la plaza es asimétrica, una L en cuyo punto de equilibrio se alza una fuente monumental coronada por una estatua de San Pedro, desde donde el guardián de las puertas del cielo observa como confluyen ante sus pies las principales calles y avenidas de la ciudad y en donde algún día Karl Marx, el más ilustre ciudadano de Trier, desarrolló parte de las teorías de su conocido Manifiesto Comunista.

Hauptmarkt Treveris

Hauptmarkt cuenta con alguno de los edificios más bellos de la ciudad Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La Hauptmarkt está completamente peatonalizada lo que favorece la llegada del bullicio de los turistas quienes pueden disfrutar de las vistas de su hermoso skyline arquitectónico. Destaca entre sus edificios el Steipe, antiguo ayuntamiento y centro de recepción de invitados de los consejeros de la ciudad. El edificio original databa del siglo XV, pero fue destruido durante la II Guerra Mundial y reconstruido según su plano primitivo. Actualmente es sede de un peculiar museo de juguetes, que encandila a niños y mayores.

Pero si uno volviese a la infancia, seguramente caería más rendido con el esqueleto arquitectónico de la Rotes Haus, cuyo rojizo barroco destaca sobre el mar de edificios de encanto alemán que bordean la plaza. Uno de estos predios acoge a la que dicen es la farmacia más antigua de Alemania que data del siglo XIII, aunque el inmueble es más reciente.

Plaza del mercado Trier

Vista de la Plaza del Mercado llena de turistas  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Pero una buena plaza mayor no podría llamarse tal cual sin una iglesia que llenase de gloria eterna el entorno y en este caso dicha divina tarea fue realizada por el templo católico que con su nombre homenajea a San Gangulfo. La iglesia se encuentra parcialmente oculta por otros edificios pero su torre campanario marca claramente su presencia haciendo que la misma nunca pase desapercibida. Como inadvertida nunca pasará la Hauptmarkt, un regalo para aquellos que quieran disfrutar de este singular pedazo de Alemania, un destino por conocer y para amar, un sentimiento que te dejará con recuerdos imborrables.


Hauptmarkt, el corazón de Tréveris
Actualizado el 16 junio,2016.
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De como conocí Vitra Campus es de esas historias rocambolescas que en ocasiones ocurren cuando uno viaja y se deja llevar por los acontecimientos. Todo se inicia en esta Semana Santa en la que decidimos conocer la ciudad suiza de Basilea; tras perdernos por la ciudad descubrimos, viendo nuestro mapa, lo cerca de que estábamos de la frontera con Alemania; yo y mi pareja no habíamos pisado nunca territorio alemán y estimamos que el puesto fronterizo se hallaba a unos 15 minutos andando, así que en un alarde de locura decidimos ir caminando hasta allí con la única intención de sacarnos una foto en Alemania y volvernos.

Vitra Haus

Vitra Haus, el edificio más representativo de Vitra Campus  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

El camino no era especialmente bonito, así cruzamos varias autopistas y un sendero lleno de gente rara, además al llegar a la frontera nos encontramos un ambiente rancio, un par de bares, una gasolinera y varios puticlubs; era como la imagen de un época pasada cuando no existían Schengen y los cruces fronterizos estaban envueltos siempre de cosas turbias.

Con todo la situación nos hizo gracia y nos sacamos fotos haciendo el tonto y decidimos caminar un poco más a ver si encontrábamos un restaurante para comer y que al menos fuera un poco económico, ya que los precios que habíamos visto en Suiza eran para echarse a temblar. Preguntamos a un señor que caminaba y tras varios de minutos de chapurrear una mezcla entre alemán-inglés, llegamos a la conclusión de que había un pueblo cerca y por los carteles nos enteramos que nuestro destino se denominaba Weil am Rhein.

Vitra Campus

Vitra Campus situado en la localidad alemana de Weil am Rheim, es la sede de la empresa de diseño de muebles Vitra  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Weil am Rhein, un pueblo del que no sabíamos nada pero que guardaba una sorpresa

Teníamos esperanza de que el pueblo al menos tuviera un pequeño centro histórico donde comer pero tampoco nuestras expectativas eran muy altas, pero curiosamente fue una de las visitas más interesantes de ese viaje. Para empezar el pueblo nos dio la bienvenida una rotonda con una silla gigante de varios metros de altura, un horrendo monumento que anticipaba un paisaje lleno de supermercados para que los suizos comprasen “barato”; el hecho de que los suizos miren a Alemania, una de las potencias mundiales, como un lugar donde se puede comprar económico, de una forma parecida a como los españoles miramos a los portugueses, es sin duda una de las paradojas más curiosas aprendidas en este viaje de locura.

Al llegar al pueblo nos dirigimos a la oficina de turismo, en donde muy amablemente nos atendieron y nos recomendaron dirigirnos directamente a Vitra Campus, una especie de campus industrial dedicado a la producción de sillas y que desbordaba de edificios de nuevo diseño y que además tenía un restaurante para satisfacer nuestro creciente apetito.

Vitra Campus, un museo de la arquitectura

El restaurante no fue muy allá pero el campus nos enamoró, era muy curioso ver como en el medio de la nada nacían diferentes edificios de vanguardia firmados por algunos de los mejores arquitectos del mundo, de hecho, la famosa Zaha Hadid hizo su primer trabajo de prestigio aquí cuando levantó en el año 1993 la estación de bomberos del complejo, curiosamente una semana después de conocer este dato la arquitecta fallecería.

Vitra Haus

Sala de exposiciónes en el interior de Vitra Haus  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

El edificio más singular del complejo es el conocido como Vitra Haus, diseñado por Herzog & de Meuron, es la tienda insignia del grupo suiza Vitra y centro de sus colecciones, un lugar donde la inspiración es acogida con cariño y se le deja expresarte a través de sus modulos repletos de muebles de fantasía que uno incluso puede comprar. Todo ello acompañado por una extremada y cuidada iluminación, que se alimenta del paisaje rural del entorno donde se integra con maestría.

Otra de las piezas arquitectónicas codiciadas del conjunto es el Vitra design museum, un edificio humilde pero que refleja el desfile de formas habituales de su creador Frank Gehry, célebre por erigir el Guggenheim de Bilbao, y que se estrenaría en Europa diseñando varios de los edificios del campus incluida una de las naves de producción.

Frank Gehry

Vitra design museum obra de Frank Gehry  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Resulta llamativo, pero la fábrica es una obra de arte en sí misma, ya que todas las naves fueron realizadas por estudios de arquitectura internacionales, como sucede con el caso del ovalado edificio que sirve de centro logístico obra del estudio japonés SANAA. Pero son muchos los arquitectos de prestigio, de hecho, cada detalle, por minúsculo que parezca, recibe el sello de premiados artistas de la talla de Álvaro Siza premio Pritzker en el año 1992, quien diseñaría otra de las naves de producción.

Las obras de calidad se dispersan por los jardines del conjunto, a veces son toboganes imposibles, otras paradas de buses, gasolineras o piezas recompradas en otras partes del mundo como el Domo o la vistosa caravana Airstream que sirve de cafetería veraniega.

Tobogan Vitra Campus

Vitra Campus esta lleno de detalles arquitectónicos sorprendentes como este tobogan de diseño  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Nos marchamos de vuelta a Basilea con la sensación de haber descubierto un lugar mágico, un espacio desconocido por la mayoría, entre los que nos incluíamos, pero que puede que sea el recinto con mayor concentración de obras de arquitectos de prestigio por metro cuadrado; un campus donde los artistas de los planos y líneas fueron libres para soñar y que me recuerda que viajando a veces uno debe dejarse llevarse por su instinto y ser libre de rutas y planes ya que cuando lo hace uno puede descubrir maravillosas sorpresas.

Vitra Campus, el lugar donde los arquitectos sueñan
Actualizado el 6 abril,2016.
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