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Las aguas del río Miño fluyen silenciosamente mientras su humedad se concentra en nubes bajas que recorren el valle entremezclándose con los viñedos recién cosechados, los olores se desprenden sin ataduras y los sensores olfativos se despiertan un poco desbordados, no es para menos ya que nos adentramos en la Finca de la Moreira y sabemos que aquí vamos a oler a buen vino.

 Pazo de la Moreira

Entrada al Pazo de la Moreira  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La finca de La Moreira en Arbo (Pontevedra) no solo perfuma bien, sino que su belleza inherente activa también nuestro sentido de la vista, ya los terrenos son tan bucólicos que parecen dispuestos a ser pintados por pintores de brocha fina; gente con paciencia y temple al igual que los propietarios, los cuales esperan año tras año la vendimia porque la finca y su pazo son sede de la prestigiosa bodega de vino del Márques de Vizhoja.

Caldos frescos creados con cariño a partir de las uvas albariñas, loureira y treixadura que en septiembre alcanzan su madurez en las laderas protegidas de la finca y que tras ser recogidas pasan a su fermentación en las cubas de la bodega; una vez listo el vino y con todos sus aromas y sabores en plenitud, las botellas son distribuidas por todo el mundo sin olvidarnos de las tiendas de Galicia.

El vino guía este hermoso palacio  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La finca de la Moreira es el lugar donde nace el vino de Marques de Vizhoja Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

El vino y su proceso de producción es el eje que articula la finca, pero será su Pazo quien dominé visualmente un conjunto que integra varios jardines centenarios, un cruceiro, un palomar, una capilla y hasta una piscina-fuente donde se mantenían vivas en el pasado las preciadas lampreas.

La torre del Pazo, que incluso bautiza a uno de los vinos de la bodega, se eleva sin miedo para otear el vecino Portugal y sus fortalezas de frontera, mientras deja entrever entre sus ventanas un lujoso interior que antaño servía de lugar de recepción para los encuentros y fiestas de la hidalguía de la época.

Bódegas Vizhoja

Una botella de vino se fusiona con el entorno de piedra del Pazo   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La Moreira es historia viva de la comarca, testigo presencial de las afrentas napoleónicas, cuyas tropas incendiaron la finca, o mismo de la decadencia de los Pazos de Galicia y su reconversión para otros fines. Un espacio que no puede ser considerado como solo una bodega, sino que hablamos de un singular monumento que entremezcla belleza, historia y perfecta armonía con el entorno, maridaje único que lo convierten en uno de esos lugares que uno debe visitar si quiere disfrutar de la magía de la riqueza cultural, gastrónomica y etnográfica de las Rías Baixas gallegas.

Pazo de la Moreira

Torre del Pazo de la Moreira  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La Moreira, la finca del buen vino
Actualizado el 5 diciembre,2016.
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Se palpa la expectación y las gradas lucen abarrotadas hasta un punto en el que apenas uno puede moverse dentro de este curro semicircular que parece imitar a los antiguos anfiteatros romanos; el speaker nos pide silencio mientras el sol nos castiga con fuerza, los protagonistas de la “Rapa das Bestas” de Sabucedo parece que ya se aproximan velozmente a nuestro encuentro.

Rapa das Bestas

Entrada de los caballos al curro de Sabucedo  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Las puertas se abren y el ruido de las pisadas se hace atronador, ahí estamos nosotros frente a frente ante varios centenares de caballos que traídos de las montañas entran en el recinto, comienza la Rapa das Bestas probablemente el mayor espectáculo del rural gallego.

Rapa das Bestas, un rito de larga tradición

La Rapa das Bestas de Sabucedo es un rito ancestral donde los habitantes de esta parroquia del municipio pontevedres de A Estrada se enfrentan cuerpo a cuerpo a los caballos salvajes que habitan los montes de los alrededores, popularmente conocidos como “as bestas”, para proceder a un control sanitario de los mismos y así como un marcaje de los nuevos ejemplares.

aloitadores

Los “aloitadores” intentando sujetar a una de las “bestas” Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Los équidos viven todo el año en los montes y son traídos al pueblo durante el primer fin de semana de julio; una vez introducidos en el curro, con capacidad para 1500 personas, los hombres y mujeres de Sabucedo se organizan en grupos de 3 para inmovilizarlos con sus propias manos con el fin de cortarles las crines, lo cual ayuda al animal a prevenir parasitos y enfermedades.

Gran expectación entre público y periodistas

Periodistas y fotógrafos procedentes de todas partes del mundo, intentan reflejar cada instante del evento, que se inicia con la captura de los nuevos potros o “bichiños” por parte de los más pequeños del lugar quienes de esta forma mantienen viva la tradición de la “rapa”.

garañon

Uno de los mozos en plena lucha con un garañón  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Una vez separadas las crías, comienza el verdadero show momento en el que los hombres (y algunas mujeres) eligen sus objetivos y saltan sobre ellos con el fin de inmovilizar a las bestias. No es una tarea fácil ya que los caballos son fuertes y se resisten con bravura, saltando o mandando coces que en ocasiones generan importantes contusiones en los “aloitadores” como se denominan en gallego a estos gladiadores modernos.

Las intensas luchas entre hombre y “bestas”

Los primeros lances son sin duda los más espectaculares ya que los más veteranos suelen elegir en primera instancia a los garañones, los sementales de la manada quienes hacen honra a su posición social dando lugar a vistosas luchas, que se saldan muchas veces con los aloitadores en el suelo.

Cuando consiguen inmovilizar a los caballos, un segundo grupo de aloitadores se acerca con las tijeras y comienza el rapado del animal que en poco minutos es liberado. En cada intento el público aplaude el esfuerzo de hombres y bestas, mientras todo el ambiente se llena polvo, pelo y olor a caballo.

Caballo en la Rapa das Bestas

Las “bestas” los protagonistas de este rito ancestral  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Poco a poco, los “peluqueros” avanzan en su trabajo, mientras mucho público sucumbe al sol y busca refresco en los innumerables puestos de comida y bebida de los alrededores. La fiesta, que tiene consideracion de interés turístico internacional desde 2007, llega a su fin cuando el cansancio ya se hace grande, toca recuperar fuerzas porque la rapa continuará en los días sucesivos y sin descanso es imposible realizar esta titánica tarea

Final de fiesta entre sudor y aplausos

Los aloitadores, llenos de tierra y sudior, se despiden del público llenos que aplaude satisfecho por el momento vivido; se abren las puertas del curro y los caballos corren de vuelta a su lugar de descanso nocturno; en unos días recuperan su libertad y pastaran tranquilamente de nuevo en lo montes de Sabucedo completando un ciclo que se repite anualmente, donde “aloitadores” y  “bestas” se citan para un espectáculo único definidor de una tierra meiga.


Rapa das Bestas, el mayor espectáculo del rural gallego
Actualizado el 14 octubre,2016.
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