Paraísos Perdidos: Las Terrazas Rosas y Blancas, el Pamukkale de Nueva Zelanda

Las Terrazas Rosas y Blancas

A lo largo de la historia muchos paraísos naturales han desaparecido por la lamentable acción del hombre, pero en otras ocasiones ha sido la propia naturaleza quien ha atentado contra su propia belleza; uno de los ejemplos más claros de esto último fue la perdida de la que fue una de las maravillas visuales de nuestro planeta: Las Terrazas Rosas y Blancas en Nueva Zelanda.

Otukapuarangi Nueva Zelanda
Otukapuarangi estaba considerado como una de las maravillas visuales del planeta

Este espectacular conjunto de terrazas calizas de color blanco y rosáceo, se encontraba situado en los bordes del lago Rotomahana cerca de la localidad de Rotorua en Nueva Zelanda. Fue el verdadero referente turístico del país durante el siglo XIX, hasta que la entrada en erupción del Monte Tarawera en el año 1886 las hizo desaparecer completamente, creándose un profundo cráter que con el paso del tiempo se rellenaría de agua.

Esta “cascada de algodón”, también conocida por lo maorís como Otukapuarangi, se formó por la acción de las aguas termales que en su transito por la zona provocó la precipitación del bicarbonato de calcio creándose densas capas de carbonato cálcico, diseñando con ello un singular paisaje de estanques y cascadas.

Las Terrazas Rosas y Blancas
Las Terrazas Rosas y Blancas se asemejaban al monumento natural de Pamukkale en Turquía

Apenas existen fotos de este regalo de la naturaleza que atraía a innumerables aventureros, pero a partir de los documentos y de las litografías elaboradas en la época se puede interpretar su aspecto, el cual no distaba mucho del que se puede observar hoy en día en Pamukkale (Turquía). Sin duda un paraíso que desapareció para nunca volver y que nos recuerda la fuerza interna de este arquitecto llamado tierra.


Paraísos Perdidos: Las Terrazas Rosas y Blancas, el Pamukkale de Nueva Zelanda
Actualizado el 14 julio,2016.
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Paraísos Perdidos: Los Saltos del Guairá

Saltos del Guairá

Existen paraísos naturales que desaparecieron para siempre, espacios cincelados por el arte de Gaia que hoy son solo tristes recuerdos fotográficos y cuya destrucción aun nos recuerda el dañino efecto que tiene el progreso no sostenible. Uno de los ejemplos más sonrojantes fue la destrucción de los Saltos del Guairá (o de la Salto das Sete Quedas en portugués) en la frontera que separa Brasil y Paraguay.

Los Saltos del Guairá era uno de los mayores espectáculos visuales de Sudamérica hasta su desaparición en el año 1982 como consecuencia de la construcción de la presa de Itaipú
Los Saltos del Guairá era uno de los mayores espectáculos visuales de Sudamérica hasta su desaparición en el año 1982

Se trataba de uno los saltos mas caudalosos del planeta llegando a verter hasta 13.300 m³/s, superando a cascadas míticas como las del Niágara o Iguazú; tenía 18 caídas de agua (las siete mayores le daban su nombre en portugués) que en su descenso de cerca de 40 metros generaban un estruendo que podía ser escuchado a decenas de kilómetros de distancia.

 Saltos del Guairá
Los Saltos del Guairá estaban constituidos por 18 espectaculares cascadas

Generada por el río Paraná al introducirse en una profunda angostura, constituía el mayor reclamo turístico de la región, pero lamentablemente fueron sacrificados para la construcción de la Presa de Itaipú, una majestuosa central hidroeléctrica que a día de hoy cubre gran parte del consumo eléctrico de Brasil y casi la totalidad del de Paraguay.

Estos saltos, que en el pasado suponían el límite hasta donde se podía remontar por vía fluvial el Río Paraná, son uno de los recuerdos visuales más añorados por los habitantes de la zona quienes accedían a las mismas a través de unos vistosos aunque endebles puentes colgantes; de hecho muchos sufrieron una angustia vital cuando las aguas de la represa cubrieron las cascadas haciendo desaparecer las mismas para siempre.

Los Saltos del Guairá
Antes y después de los Saltos del Guairá, tras la construcción de la presa de Itaipú

Lo que nos recuerda los Saltos del Guairá es que la destrucción de un espacio natural es una herida que nunca se cura y que se transmite entre las generaciones, una sangría que no se debería justificar con ningún fingido progreso ya que ninguna presa ni su potencia pueden intercambiarse por la visión de un monumento natural en plena explosión de sensaciones.

Hoy solo quedan fotos cuyo color parece mustio con el paso de los años, porque los Saltos del Guairá es un paraíso que nunca volverá y que muchos de nosotros nunca pudimos disfrutar. Maldita sea quienes impidieron habernos conocido.

Saltos del Guairá
Vista de los Saltos del Guairá antes de su destrucción


Paraísos Perdidos: Los Saltos del Guairá
Actualizado el 20 julio,2016.
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