Gijón desarrolla su esencia urbana en conjunción con la costa, geografía de bellos detalles donde el Cantábrico ha moldeado una bahía cuyas caprichosas olas pierden su fuerza en la playa de San Lorenzo. Un lugar de encanto infinito en cuyo extremo occidental se alza la  iglesia de San Pedro, un templo católico que con el paso de los años se ha convertido el símbolo más reconocido de esta localidad asturiana.

Iglesia de San Pedro

La iglesia de San Pedro es una de las estampas más características de la ciudad de Gijón  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Dominadora del paisaje de Gijón, San Pedro apuesta en su arquitectura por el historicismo e imita sin descaro el arte de las famosas iglesias prerománicas asturianas; pero, pese a que no tiene nada que envidiar a estas en la altura y configuración de sus naves, su construcción carece del poso de los años y su bautismo es reciente ya que su obra fue completada en 1955, tras 15 años de trabajso.

Con todo el terreno donde la misma se levanta ya fue terreno sagrado en el pasado y en el se levantaba otro templo del siglo XV que fue destruido durante la Guerra Civil. La iglesia original ya sobresalía por su torre campanario, pero con la reforma hecha por Francisco y Federico Somolinos no solo araño altura sino que la planta del templo gano cuerpo de tal forma que su discreta figura, se convirtió en el referente visual de todo el paseo marítimo de Gijón.

Parroquia favorita para bodas y grandes eventos religiosos, su estampa a pie de mar la convierten en un lienzo que representa como nadie el alma de la ciudad más grande de Asturias, un símbolo imposible de no fotografiar y que se graba en la mente de quienes nos apasiona el Norte de la península.

San Pedro, el símbolo de Gijón
Actualizado el 10 marzo,2017.
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Si hiciéramos un ranking de los animales más queridos, sin duda en las primeras posiciones aparecerían los pingüinos; estos animales de torpe andar y de curiosidad innata transmiten empatía tanto a niños como adultos que siempre destacan sus virtudes hasta un punto que rozan la idealización, olvidándose de que no solo la leyenda de la fidelidad eterna de los pingüinos es parcialmente falsa, sino también que incluso a veces existen hembras que se prostituyen, aunque no por dinero sino por algo más valioso en la Antártida: las piedras.

pingüinos de Adelia

Una pareja de pingüinos de Adelia  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Una de las especies que tienen ese curioso comportamiento es el pingüino de Adelia, un ave que se caracteriza por su pequeño tamaño (suele medir entre 60-70 cm y pesa entre 4-7 kg) y por poseer un anillo blanco alrededor de sus ojos. Una especie oriunda de la Antártida y que no cría fuera de las aguas polares aunque ocasionalmente se deja ver por tierras más al norte del paralelo 60º.

Aunque en mis viajes por el Polo Sur había visto a esta especie en varias ocasiones, no fue hasta que desembarque en la isla Avian en la Península Antártica cuando pude conocer en más detalle a esta enigmática ave, ya que este pequeño islote cuenta con más de 35.000 parejas reproductoras siendo la colonia más importante de la región.

Guijarros que valen su precio en oro

En mi visita a la isla no pude apreciar los coqueteos y proposiciones indecentes asociadas al apareamiento pingüinil ya que la mayoría de las crías ya habían nacido, pero si me dí cuenta de la cantidad de guijarros existentes en los nidos. Aparentemente, los machos de Adelia ofrecen piedras a las hembras durante el cortejo, la escasez de material para construir los nidos hace que estas perciban las piedrecitas como autenticas joyas; se puede decir que en esencia la hembra no suele acceder al apareamiento sino hay piedras de por medio y esto sucede aunque la pareja se mantenga estable a lo largo de los años.

Pingüinos de Adelia

Pingüinos de Adelia  Foto: Campaña antártica 2006/07

Prostitución entre pingüinos

Este deseo por poseer piedras ha llevado a que algunas hembras se “prostituyan” por las mismas y así, aprovechando los períodos en que el macho abandona la colonia en busca de alimento, aceptan ser “infieles” a cambio de pedruscos ofrecidos por otros machos desparejados. A veces, incluso las pingüinas engañan a estos “solteros de oro” y realizan todo el ritual de cortejo aceptando sus piedras pero no teniendo relaciones sexuales con ellos.

Hay que tener en cuenta que tanto machos como hembras roban habitualmente piedrecitas de otros nidos, pero estos hurtos pueden acabar en dolorosas peleas; con esta estrategia las hembras pueden ahorrarse los posibles daños físicos obteniendo no solo piedras gratis, sino que a la par que consiguen testear a otros posibles machos en el caso de que sus casales mueran; no hay que olvidar que los pingüinos sufren constantemente ataques de focas leopardo, leones marinos u orcas y por ello existen muchas posibilidades de que la pareja no aparezca en la colonia en el siguiente ciclo reproductivo.

pingüinos de Adelia

Colonia de pingüinos de Adelia  Foto: Campaña antártica 2006/07

Los biólogos a los que acompañaba en la visita a la isla (y que realizaban un estudio sobre el impacto del cambio climático sobre los pingüinos) se quejaban de que los Adelia (que deben su apelativo al explorador Dumont d´Urville quien bautizó una vasta extensión de territorio en homenaje a su sufrida esposa Adelia) son los pingüinos más difíciles de manejar y eso pese a que están dentro de la categoría de los pingüinos de tamaño medio tirando a pequeño; pero esta especie puede definirse fácilmente con aquella frase de “pequeñita pero matona” y de muestra solo hay que ver que son capaces de criar en el interior del continente antártico, algo de lo que sólo ellos y los pingüinos Emperador pueden presumir.

Una tierra agreste llena de lecciones de biología

La isla de Avian era pequeña (unas 800 hectáreas) y visualmente poco atractiva, al menos comparado con el espectacular entorno de Bahía Margarita, pero sus malorienta tierra rocosa servía de soporte físico no solo a estos simpáticos pingüinos sino también a las colonias más australes de Petreles gigantes del Sur y de Cormoranes de ojos azules.

Resulta curioso ver este vergel de vida en una tierra indómita, un espacio agreste donde los polluelos crecen al amparo protector de sus padres; progenitores capaces de lo que sea por mantener viva la genética de su estirpe, un comportamiento animal no objeto de censura, porque la naturaleza es lo que es y de la misma forma que no podemos idealizarla tampoco debemos condenarla, ya que todos tenemos un objetivo último: la supervivencia.

Isla Avian

Yo junto a un grupo de pingüinos de Adelia en Isla Avian  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La isla donde los pinguinos se prostituían
Actualizado el 15 febrero,2016.
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