La Mellah, el barrio judío de Marrakech

Sinagoga Marrakech

Marrakech es un laberinto de sorpresas, emociones visuales que se van descubriendo a medida que uno se deja perder en su caótico encanto y entre las cuales se encuentra el antiguo barrio judío o Mellah.

Uno no puede entender la compleja historia de Marruecos sin la aportación de sus comunidades judías, de hecho hasta la emigración masiva a Israel, tras la creación en 1948 del estado judío, el territorio que abarca el actual reino alauí era una de las regiones con mayor numero de hebreos del mundo, los cuales fueron llegando en sucesivas diásporas como la que acompañó a la destrucción del segundo templo de Jerusalén, o bien a las procedentes de la península Ibérica tras la expulsiones decretadas por los reyes de España y Portugal. En el caso de Marrakech la presencia judía se pierde en el tiempo, pero no será hasta el siglo XVI cuando acaben creando un barrio propio conocido popularmente como Mellah denominación extendida para la mayoría de los barrios judíos del país y que tiene su origen en la judería de Fez, la cual se instaló en los terrenos ocupados antiguamente por un salinar conocido como al-Mallah.

Cementerio judío
Cementerio judío de Marrakech  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Con la creación de la Mellah los judíos de Marrakech obtuvieron una doble protección, por un lado estaban protegidos por unas imponentes murallas y por otro el barrio era adyacente al Palacio Real, de tal forma que el sultán les rendía protección a cambio de lealtad, impuestos y un cierto numero de consejeros o profesionales de prestigio. La judería se abría a la laberíntica medina a través de un numero limitado de puertas que eran cerradas y protegidas por soldados al anochecer; este aislamiento ayudaba a mitigar posibles disturbios violentos dirigidos hacia la comunidad que eran tomados en muchas ocasiones como chivos expiatorios por la mayoría islámica.

La Mellah era en esencia autosuficiente y contaba con sus propios mercados, talleres, templos y cementerios, pero el hacinamiento de mas de 10.000 judíos en sus estrechas calles hacía que la pobreza fuese la nota predominante entre sus habitantes (salvo aquellos que servían como consejeros reales) que además tenían severas limitaciones a la hora de acceder a otros espacios de la ciudad; por todo ello no es de extrañar que los judíos de Marrakech decidiesen emigrar masivamente a Israel en los años 50 del siglo pasado condenando al barrio al abandono.

Sinagoga Marrakech
Sinagoga de Lazama en Marrakech  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La presencia de judíos en el Marrakech del siglo XXI es muy reducida y casi todos se han marchado de su barrio matriz que ha pasado a ser ocupado por familias musulmanas de bajos recursos, con todo el vecindario aun guarda parte de su esencia con calles estrechas y encajonadas entre edificios que provocan un cierto sentimiento claustrofobico que ahuyenta a los turistas y que refuerza su autenticidad; casas que desaliñadas en su mantenimiento parecen encontrarse en un paréntesis temporal y que aun conservan muchas referencias decorativas de su pasado judío. Con todo ese abandono exterior muchas veces es engañoso y oculta mucha de la riqueza artesanal que aun atesoran las casas del barrio, como sucede con el edificio que aloja el Museo Tiskiwin, sede de una interesante colección centrada en la cultura bereber.

A nivel de patrimonio judío, la Mellah alojó numerosas sinagogas a lo largo de su dilatada historia muchas de las cuales han desaparecido o han sido reconvertidas a otros usos, de las existentes sólo dos permanecen activas Lazama y Negidim. La primera es el principal atractivo turístico del barrio y aunque no es difícil encontrarla, la ausencia señalizaciones hace que en ocasiones tengamos que recurrir a preguntar a los vecinos que en muchos casos nos orientaran a cambio de alguna moneda como suele ser habitual en todo la ciudad. La sinagoga es de culto sefardí y se dice que fue construida en 1492 coincidiendo con la expulsión de los judíos de los reinos hispanos, de hecho un azulejo del patio de la sinagoga recoge dicha fecha de inauguración, aunque muchos discrepan ya que los judíos no se movieron a la Mellah hasta mediados del siglo XVI; pese a la disparidad de opiniones lo que si es claro que la configuración actual es fruto de una reforma datada a principios del siglo XX.

Sinagoga de Lazama
Patio de la sinagoga de Lazama  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Para acceder a la sinagoga debemos adentrarnos primero en un hermoso patio engalanado con azulejos blancos y azules que en su combinación de colores crean un entorno relajado y pleno en simbología judía donde sobresale especialmente su fuente central. Desde allí podemos acceder a la coqueta sinagoga (tras el pago de la voluntad) la cual esta configurada en una disposición rectangular y en el que el Hejal o Arón Kodesh se encuentra situado en el extremo opuesto al púlpito. Este espacio sagrado donde se guardan los pergaminos que contienen la Torá, es presidido por dos candelabros judíos y una tabla de la ley, cuyo perfil es iluminado por una curiosa tira de luces de colores.

Los asientos del templo se distribuyen de forma enfrentada, diseño especialmente visible desde su planta superior donde una galería de madera define la zona de rezo para las mujeres, algo habitual en las sinagogas sefardíes pero no en las ubicadas en Marruecos donde las mujeres permanecían en la entrada de la sinagoga o rezaban en una sala aparte. La incorporación de esta segunda planta fue relativamente reciente y ha permitido crear un mirador que facilita una visión completa de este coqueto templo.

Sinagoga Marrakech
Sinagoga de Lazama  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La sinagoga de Negidim es aun mas discreta en su localización y es difícil encontrarla. Estrecha, oscura y alargada en su concepción fue creada a finales del siglo XIX y cuenta también con una pequeña sala para la oración de las mujeres.Estos modestos templos formaban parte de una extensa red de sinagogas muchas de las cuales fueron transformadas a otros usos con el declive de la poblacion hebrea, si uno observa en detalle algunas aun mantienen visibles los recuerdos de su pasado religioso pero por desgracia su distribucción y uso ya es netamente comercial.

Una de las características de la Mellah actual, ademas del gran numero de niños que juegan en las calles, es que sus avenidas interiores no desbordan en actividad mercantil como si lo hacen otras calles de la medina de Marrakech, pero con todo los mercados existentes son muy concurridos por los locales siendo de hecho una de las zonas mas baratas de la ciudad y uno de los emplazamientos mas buscados para los amantes de las especias.

La judería a dia de hoy parece muerta de alma judía y uno no es consciente de lo importante que fue la misma hasta que uno se adentra en su singular cementerio. Cientos de tumbas talladas en piedra que se distribuyen de forma anarquica, dispersion provocada que le da un aspecto desordenado y abandonado agudizado por el crecimiento dispar de la hierba.

Tumbas judías
Tumbas en el cementerio judío de Marrakech  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Estas residencias eternas de anonimo perfil se complementan con algunos mausoleos de hermoso acabado que homenajean a ilustres figuras de la comunidad; templetes aislados que constituyen los unicos espacios de sombra, oasis de frescor eterno en un camposanto muy expuesto a la solana. Muchos visitantes descansan bajo sus procterores techos y reflexionan sobre la vida y sobre como esta pequeña comunidad religiosa dispersa por el mundo ha dejado una imborrable huella en todos los lugares en los que ha residido, legado que a veces no ha sido valorado o interpretado correctamente, herencia regalada que en el caso de Marrakech esta abierta a todos aquellos que quieran conocer y adentrarse en este singular barrio.

Cementerio Judío de Marrakech
Tumba de un famoso rabí en el cementerio judío de Marrakech  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

La Mellah, el barrio judío de Marrakech
Actualizado el 16 mayo,2016.
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Marrakech, una medina de sensaciones

Medina marrakech

Es temprano pero la Plaza de Jaama el Fna en Marrakech ya hace tiempo que ha comenzado con su loca rutina diaria; los sonidos de los “maltratadores” de serpientes y de los instrumentos bereberes se entremezclan con el gentío de turistas que se ven desbordados por el babel de palabras que lanzan los vendedores con el fin de captar su atención; de pronto esa antigua plaza de armas francesa en su irregularidad innata se estrecha y varios zocos ofrecen ya sus productos entre odas al regateo; es aquí donde nacen los ríos de callejuelas que en su discurrir nos trasladaran al alma de la urbe, una medina lista para ofrecernos un torrente de sensaciones.

Jaama el Fna
Plaza de Jaama el Fna en Marrakech  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Joya turística de Marruecos, Marrakech define su interés a lo largo del trazado de su Medina, laberinto sin orden alguno que funcionó como principal atractivo para que la ciudad fuese declarada patrimonio de la humanidad de la Unesco en el año 1985. La Medina es bella a la vez que agobiante, con calles que realizan giros imposibles y que destrozan la orientación a los que nos gusta seguir los mapas. Los viandantes extranjeros solemos entrar en un shock temporal en este primer tramo de recorrido, ya que uno no está acostumbrado a lidiar con locales que recorren las rúas con extrema agilidad y en donde uno puede ser atropellado fácilmente bien sea por una moto, una bicicleta o mismo un burro; uno tiene que intentar adaptarse rápidamente, porque descubrir y disfrutar Marrakech conlleva que perdamos miedos y observemos como los detalles se abren lentamente a nuestro paso.

Medina marrakech
La medina de Marrakech es un laberinto de callejuelas llena de tiendas y múltiples sorpresas   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Particularidades como las innumerables mezquitas, que pese al sin sentido que supone que los no musulmanes tengamos vetado su entrada, nos regalan pórticos de espectacular tallado; puertas que muchos solo se abren al compas de la llamada de la oración, que pese a no retumba tanto como en Estambul nos regala constantemente una sonoridad vibrante. Musicalidad divina que marcaba los horarios de la Madrasa de Ben Youssef, sin duda el edificio mas logrado de la ciudad. Con un aire que me recuerda a los patios del Real Alcázar de Sevilla, la antigua escuela coránica se configura entorno un hermoso patio interior a cuyo esplendor solía dirigirse la mirada de los cientos de alumnos que poblaban la madrasa. Ben Youssef es un claro ejemplo de maestría de los artesanos marroquís cuyo arte se desborda en un vergel de detalles donde la madera parece florecer de nuevo al compás del estuco y del azulejo.

Ben Youssef
Madrasa de Ben Youssef   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

No muy lejos de la Madrasa y bordeando la espectacular mezquita que le da nombre, se encuentra el conocido como Museo de Marrakech, un antiguo palacio del siglo XIX que destaca por su hermoso y relajante patio, que se encuentra presidido por una monumental lámpara que no deja a nadie indiferente. También en las proximidades se encuentra la Koubba, el único recuerdo que queda de la arquitectura almorávide, linaje de origen bereber que desde Marrakech llegó a dominar gran parte de Marruecos y España y cuyo pasado fue prácticamente borrado por las dinastías posteriores.

La Almorávide no es la única herencia desaparecida de la ciudad, ya que otra celebre rama familiar que gobernó Marrakech los “Saadis” corriendo una suerte parecida. De su célebre palacio El Badi, inspirado en la Alhambra, se dice que fue durante años la envidia del mundo islámico, pero con todo lo que hoy sobrevive son solo sus ruinas. Las rivalidades hicieron que con la caída de los Saadis la residencia sufriera una severa amputación, así el sultán Ismail Ibn Sharif se llevó todos los elementos decorativos de interés a un nuevo complejo palaciego en la ciudad de Meknes, que ganó en belleza a costa de quitársela a Marrakech.

Palacio El Badi
Ruinas del Palacio El Badi   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Mejor suerte corrieron las conocidas como Tumbas Saadis, situadas en los aledaños de otro de los grandes monumentos de la ciudad Mezquita de la Kasbah. Descubiertas en el año 1917, las tumbas glorifican el rico pasado de la dinastía con impecables mausoleos en los que el artesanado marroquí parece alcanzar su propia excelencia. Esta escuela de talento vuelve hacer tesis con el diseño del cercano Palacio Bahía; un conjunto monumental de finales del siglo XIX, al cual solo podemos acceder parcialmente, y que parece siempre desprender serenidad al visitante ofreciéndole un ambiente de relajación y placer similar al que disfrutó Si Moussa, Gran Visir del sultán y propietario del recinto, el cual llenó de arte, música y mujeres las salas y patios del palacio.

Palacio Bahía Marrakech
Una de las salas del Palacio Bahía   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Otro de los lugares que ofrecen desasosiego y reflexión es el cementerio judío de Marrakech, un extenso camposanto donde las tumbas se distribuyen de forma anárquica y en la que varios mausoleos modernos de bella estampa rompen el perfil pío del paisaje. La supervivencia de este cementerio, nos recuerda el desconocido hecho por muchos de que Marruecos ha sido a lo largo de la historia uno de los países que mejor ha tratado a la comunidad judía, así su barrio judío o Mellah fue receptor de judíos procedentes de las diversas diásporas judías, bien sean las originales, contemporáneas a la destrucción del segundo templo de Jerusalén, o bien posteriores como las procedentes de la península Ibérica tras las expulsiones decretadas por los reyes de España y Portugal. La creación del estado de Israel, supuso el declive de un barrio en el que apenas viven ya judíos y en el que aun podemos visitar una bien conservada sinagoga.

Cementerio Judío de Marrakech
Cementerio judío de Marrakech   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Pero para calma la desprendida por los Jardines Majorelle, este pequeño tesoro botánico diseñado por el artista expatriado de origen francés Jacques Majorelle, el cual configuró un desbordante edén de plantas y fuentes que se despliegan alrededor de una casa de estilo Art déco. La desbordante vegetación marchitó tras la muerte del artista, pero en el año 1980 el diseñador Yves Saint-Laurent adquiriría el espacio abriendo al público parte de los jardines y así como el taller, donde hoy en día se ubica un coqueto museo que homenajea la cultura Bereber.

Jardines Majorelle
La impecable belleza de los jardines de Majorelle   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Pero el de Majorelle no es el único jardín de la ciudad, Marrakech exprime de aire a la medina pero ofrece una gran diversidad de espacios verdes en los exteriores de la imponente muralla; uno de ellos “la Menara” constituye uno de los más visitados y fotografiados. La Menara es un pequeño palacete más fotogénico que bello y cuyo reflejo en las aguas da un poco de vistosidad a un enorme estanque no muy bien cuidado; con todo el edificio y sus plantaciones de olivos ganan en valor gracias a la imponente cordillera del Atlas que con sus picos nevados parece siempre abrazar y proteger a Marrakech.

Curtiduria Bereber
Curtiduría Bereber en Marrakech  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Cae la noche y la plaza Jaama el Fna cambia de ambiente, los esclavistas de animales desaparecen, la música se hace más tribal y en cualquier espacio libre surgen puestos de artesanía o comida. Riadas de locales y turistas desembocan en la misma en búsqueda de un delicioso tagine de pollo o de un mentolado té marroquí; algunos lo harán relajados y olerán a agua de rosa tras haber recibido un masaje exfoliante en alguno de los hamams locales, mientras que otros olerán a rayos tras visitar las nauseabundas curtidurías. Pero todos sin distinción desembocan en la plaza porque los días en esta gran ciudad mueren aquí, ocaso del que es testigo el majestuoso minarete de la Mezquita de la Koutubia, ese que sirvió de modelo para construir la Giralda y que hoy nos inspira al resto, porque Marrakech no deja a nadie indiferente la amas o las odias, pero su sello es de los que dejan marca.

Kutubía
Atardecer sobre la Mezquita de Koutoubia   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Marrakech, una medina de sensaciones
Actualizado el 16 mayo,2016.
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