Hoy hago un giro radical de la temática habitual del blog para mostraros un pequeño amigo que me encontré recientemente en un viaje de trabajo a bordo de un buque oceanográfico, un hermoso ser natural que responde al nombre de Paiño
No es la primera vez que los veo en mis travesías oceánicas ya que frecuentemente siguen la estela de los barcos en busca de restos de comida, pero si es la primera vez que nos aparecía uno en cubierta agotado y sin fuerzas para echar de nuevo a volar. Es frecuente que las aves usen los barcos como posadero temporal para recuperar fuerzas, especialmente si están desorientadas o han sufrido el envite de una tormenta. No dudamos en recogerlo y le dimos calor y descanso, hasta que recuperó sus fuerzas para volver a marcharse a su hábitat natural.
Ante de volver a soltarlo, aproveche un momento en el que el ave estaba más relajada para sacarle esta foto, el objetivo de la misma era encabezar un post homenaje a esta especie que está amenazada por el deterioro ambiental de nuestros mares y costas. Ser vivo que merece todo mi respeto y admiración, no solo por su belleza o su característico vuelo, sino porque se trata de una de las especies más viajeras de la naturaleza, de hecho es una ave pelágica que vive prácticamente toda su vida en alta mar y “pisando” solo tierra firme en el momento de la reproducción.
Al hablar de grandes viajeros deberíamos recordar también a las aves, que durante milenios han recorrido nuestros mares y cielos en una lucha por la supervivencia admirable, travesías que no son comparable en ninguna medida con nuestros confortables viajes de placer. Recordar este hecho nos debería hacer más humildes, ya que aunque no lo queramos aceptar el hombre no es el pionero del arte de viajar.
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