Existen lugares que enamoran, entornos que parecen lienzos y donde los atardeceres generan un torrente de emociones, emplazamientos de excepción como el Monte Alba en Vigo, que ofrece sin duda las mejores vistas de la Ría de Vigo.

Ria de Vigo

Vista de la Ria de Vigo desde el Monte Alba   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

El Monte Alba es un conjunto forestal que abraza de verdor a la ciudad de Vigo. Un entramado de vida que eleva en altura hasta los 500 metros y que en su cumbre es coronada por una capilla que rinde homenaje a Nuestra Señora del Alba; virgen que acoge a sus pies a diferentes romerías que llenan el paraje en verano de gaitas y buena comida.

La capilla es sencilla en su concepción, con una fachada principal donde solo destaca un escudo que nos recuerda su pertenencia a la Casa de los Valladares o Valadares, quienes en el pasado habían construido una fortaleza en la misma ubicación y de la que hoy en día no quedan restos.

Monte Alba Vigo

Capilla de Nuestra señora del Alba  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Además de los romeros, el Monte Alba es frecuentado por muchos amantes de la naturaleza que se dejan caer por sus laderas en otoño para buscar niscalos y que disfrutan de la flora y flora de un parque forestal que es atravesado por una de las mas bellas rutas de senderismo de Vigo; camino donde predomina el pino y que envuelve también a los adyacentes Monte Cepudo y de los Pozos.

Pero con todo sus principales usuarios son los adictos a sus vistas, porque la perspectiva desde el mirador es de las que dejan siempre un buen sabor, una explosión visual que resume en una impresión toda la riqueza paisajística de la costa gallega.

Las vistas desde el Monte Alba, abarcan gran parte de las Rías Baixas  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Las vistas desde el Monte Alba, abarcan gran parte de las Rías Baixas  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Un panorama que nace en Baiona y se extiende por todas las bellas penetraciones costeras que conforman las Rías Baixas; con todo el mirador del Alba rinde especialmente homenaje a la Ría de Vigo, un recorrido litoral que se llena de luz y hermosura al entrar en contacto con el abrupto perfil de las Islas Cíes y que se extiende hacia el Este hasta San Simón, por esa bahía que baña el puerto de Vigo y en donde cientos de bateas disfrutan de su productividad natural única.

Pero será el atardecer quien llene de esplendor y romanticismo al Alba, porque ver morir el sol en el Atlántico gallego es uno de los espectáculos mas hermosos del mundo, un show diario que desprende siempre nuevos colores y sensaciones y que algunos incluso aprovechan para pedir matrimonio a sus amadas, porque como alguien me dijo una vez “si algún día hubiera un museo del paisaje, el atardecer sobre la Ría de Vigo sería su Mona Lisa“, a lo que yo añadí “siempre y cuando sea pintado desde el Monte Alba“.

Ria de Vigo

Atardecer sobre la Ría de Vigo   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

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El viento rozaba nuestras caras con un frío que calaba hasta los vasos capilares, caminaba rumbo a esa catedral que ilumina de belleza la ciudad de León en la compañía de mi compañero de piso Mike quien me había invitado esa noche a un par de cortos de cerveza; nos acompañaba su nueva novia, una hermosa tailandesa que afinaba el castellano con la precisión que mi pobre amigo ingles carecía. Mientras callejeábamos aparecieron de la nada 3 sombras que parecían caminar a nuestro encuentro, de pronto una de ellas nos llamó, era nuestro amigo japones Tomo.

Después de saludarnos Tomo nos presentó a sus acompañantes, se trataba de dos chicas portuguesas que habían conseguido una beca Leonardo da Vinci en España y que en el futuro provocarían indirectamente un cambio radical en mi vida. En aquel momento yo no era consciente de eso, con todo me llamo la atención una de ellas; no fue una atracción física sino lo que me atrajo fue su nombre: Mafalda.

Catedral de León

Catedral de León con iluminación nocturna  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Nunca me hubiera imaginado que alguien si pudiera llamar al igual que la celebre protagonista de los tiras de Quino, pero tenía ante mí a una autentica Mafalda de carne y hueso, de hecho incluso por momentos el viento ondulaba su pelo como el de su alter ego.Tras comentarle que en España todo el mundo la vincularía al personaje, ella me dijo con un poco de resignación que no había ningún español que no le comentase lo mismo, pero que en Portugal Mafalda era un nombre muy común.

Al ver a Mike y su novia hacer carantoñas, decidí dejar de aguantar velas y los deje solos en su amor y me uní al grupo liderado por mi simpático amigo nipón. Mientras caminábamos las campanas de las iglesias rompieron su silencio y pese a que era noche cerrada sonaron con una fuerza inimaginable, Mafalda y su amiga miraron para mí y me preguntaron que pasaba y yo le respondí: “creo que ha muerto el Papa”.

La indiferencia que mostró a la muerte del líder de la iglesia católica me dio a entender que Mafalda no se regía por el perfil conservador que siempre había asociado a los portugueses, de hecho era todo lo contrario y con el tiempo descubrí que mi Mafalda lusa se asemejaba mucho mas a la que inmortalizo el escritor argentino de lo que yo creía. Mi amiga Mafalda era una mujer culta, de las que amaban la música y la literatura y de las que miraban hacía arriba cuando caminaban para observar cada detalle arquitectonico, siempre preguntaba cuando tenía dudas y compartía sus conocimientos sin alardes; una geografa de profesión que se preocupaba por los derechos humanos y que no era indiferente ante las injusticias, una mujer que se emocionaba cuando escuchaba el Grandola Vila Morena y que soñaba con un Portugal distinto.

Mafalda Evora

Mi amiga Mafalda en una de nuestras visitas a Évora   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Mafalda se convirtió en una de mis compañeras de viajes mas fieles y con la que mas disfruté del arte de descubrir el mundo; me sentía tan cómodo con ella y su amiga Elisabete, que no pude soportar el no volver a verlas y así que me lance a la aventura y me fui a pasar el verano a Lisboa con ellas. Portugal se convirtió en mi primera experiencia internacional, una vivencia que me hizo mas maduro y durante el cual gané una confianza en mi mismo que me marcaría para el resto de la vida; no solo perdí el miedo a vivir en el extranjero, sino también a aprender nuevos idiomas y sobre todo a conocer gente de diferentes países.

Mi amiga fue participe de todo ese proceso, ella no solo me enseñó los secretos culturales y turísticos de la ciudad, sino que me ayudo mucho los primeros días allí con los tramites y papeles, incluso me regalo un libro sobre lo que debía saber sobre Lisboa; de hecho incluso su única traición fue dulce (le comentó a mi amiga Elisabete mis sentimientos hacia ella), ya que gracias a ella empece una relación de la que aun guardo grandes recuerdos.

Pero el tiempo siempre camina y mi estancia en Portugal se acabó, pero no mi amistad con Mafalda. Los avatares del destino me llevarían a la Antártida y a Buenos Aires en nuestro camino de regreso. Allí en pleno barrio de la Boca, me encontré con una figura de la Mafalda de ficción; sin dudarlo pedí a un compañero que me sacase una foto con ella, en lo que se convirtió en un pequeño guiño de recuerdo y homenaje a mi amiga portuguesa.

Era una época en que no existían apenas redes sociales y así que tuve que guardar la foto en mi ordenador y esperar a un encuentro en persona; tras regresar a casa, uno de los primeros lugares que visite en mis vacaciones fue Portugal; allí nos citamos en la célebre Pastelería de Belem y mientras saboreábamos pasteles de nata y café portugués, le enseñe las fotos de mi viaje; cuando de pronto ella vio mi retrato, sonrío mirándome un poco emocionada, ante lo cual respondí: “esta foto esta dedicada a ti”.

Mafalda Buenos Aires

Yo en mi foto homenaje a mi amiga Mafalda  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Hoy Mafalda vive en el Reino Unido, ha tenido que emigrar empujada por una crisis económica que se ha cebado con España y Portugal, con todo ella sigue siendo una luchadora y batalla aun por alcanzar sus sueños. Una amiga fiel, de la que puedo pasar tiempo sin saber de ella, pero cuando nos juntamos parece que no ha pasado el tiempo.

La Mafalda de Quino cumplió recientemente 50 años, una tira cómica que no solo desprende humor sino mucha critica social, que desgraciadamente aun sigue vigente; con todo muchas cosas han cambiado, la Mafalda de los 60 era una voz solitaria, hoy en cambio hay muchas otras Mafaldas en esa coral que lucha por cambiar el mundo, Mafaldas reales como mi amiga que hoy también merecen un merecido homenaje. Gracias por intentar hacer el mundo mejor.

Mafalda

Mafalda

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Este post forma parte del ¡Veo Veo!, un juego de la infancia trasladado al mundo blog, donde diferentes autores comparten un tema común una vez al mes elegido en el grupo Veo veo en Facebook, y por medio del hashtag #VeoVeo en Twitter y otras redes sociales. ¿Querés jugar? ¡Veo veo! ¿Qué ves?

Skyline de Toronto

Publicado: octubre 13, 2014 en Ámerica
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Skyline Toronto

Skyline de Toronto desde las islas  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Localización: Toronto (Canadá)

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Granada es desbordante, un árbol dibujado en arte y cuyas raíces se extienden por toda esa hermosa depresión geológica que muere a los pies de Sierra Nevada; una centenaria dama cuyo corazón ha latido siempre con fuerza desde el barrio del Albaicín.

Albaicín Granada

Vista del hermoso barrio de Albaicín desde la Alhambra de Granada   Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Caótico por momentos, abandonado y lujoso a partes iguales, el Albaicín es de esos barrios que tomaron inspiración y forma durante el esplendor del Al-Andalus musulmán, aunque sus orígenes tienen trazas que se remontan a las civilizaciones romana e íbera. Pueblo dentro de una ciudad, se integra en Granada con verdadera personalidad propia, singularidad que la hizo merecedora de formar parte en el año 1994 de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco.

Albaícin es oro blanco con firma de autor, como níveas son ese sin fin de apartamentos con vistas a la Alhambra, o ese laberinto de callejuelas que trepan en altura y que terminan en miradores de atardeceres como el de San Nicolas, desde donde incluso Bill Clinton se dejo encandilar.

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El Río Darro a su paso por el Albaícin  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Visitar el Albayzin es un cortejo donde fluyen las culturas, donde los pasos de la Semana Santa retumban con fuerza a la sombra de iglesias mudéjares y barrocas que se construyeron sobre los alminares de viejas mezquitas; un refugio del alma islámica hispana, que aun se manifiesta en sus teterías, en palacios como el de Dar al-Horra o en las puertas de la antigua muralla árabe.

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Las estrechas calles del Albaicin de Granada  Foto: Miguel Ángel Otero Soliño

Dicen que no hay mayor condena que ser ciego en Granada, pero incluso aquellos que no ven pueden disfrutar de las múltiples sensaciones que transmite el Albaicín, de los acordes de guitarras que contaminan el ambiente de alegría gitana, del olor y sabor de esas tapas granadinas que en verano se disfrutan en esas terrazas con vistas a la Alhambra, donde los rayos sol mueren y retornan al barrio en forma de suave brisa, en un soplo que inspira y alimenta sueños, porque el aire del Albaicin, es el autentico oxígeno de Granada.

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